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sobre opinar irresponsablemente

Las personas no son conscientes de la responsabilidad que supone opinar sobre ciertas cosas. Si lo fueran no permitirían que ninguna opinión traspusiera sus labios. Sólo escucharían y jamás osarían romper el voto de prudencia que toda persona de bien debería hacer. Una opinión puede cambiar la vida de alguien. Los buenos psicólogos saben de esos peligros y por eso jamás opinan.
Dios debería tener un listado de todas nuestras opiniones fallidas a la hora de juzgarnos.
Ante las mismas circunstancias, una misma persona actúa de una forma o de otra de acuerdo al entorno que le haya tocado en suerte. Si se está rodeado de imbéciles y se es tan imbécil como para escucharlos se está condenado al desastre. Aún las opiniones mejor intencionadas pueden arruinarte la vida. Pero lo más injusto de todo es que el imbécil que aconsejó sigue su vida lo más campante mientras que el imbécil que recibió el consejo colisiona contra el mismo iceberg que el Titanic.

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si hay miseria...

Fernando no tiene paz. Basta con decir que en una época tuvo un affaire con una vecina del edificio pegado al suyo. Era una mujer de apariencia normal salvo que parecía ser muy tímida con los hombres. Digo parecía, porque luego nos enteramos que Fernando no fue el único vecino que la había visto sin ropa. Esta señora vivía con sus tres hijos, el menor fruto de su último matrimonio y las dos mayores del primero. Por alguna razón que desconocemos, no procreó en el segundo matrimonio ni en el tercero, aunque eso nada agrega.
Durante pesquisas realizadas por Fernando en sus ratos libres pudo comprobar que “el padre de la criatura” la seguía visitando y seguramente manteniendo a juzgar por los cuidados que Alejandra tenía para que su ex no se enterara de sus nuevas “amistades”. Se podría decir que ellos se conocieron una tarde en que mi amigo estaba regando las plantas y ella ejercitando su trasero en el balcón. Fernando se presentó de una manera formal y caballeresca y ella se fue para a…

enseñanzas inútiles

Es increíble que a esta altura de la civilización y las comunicaciones no hayamos aprendido que no se puede cambiar a las personas después de cierta edad. Se escuchan a padres despotricar contra hijos, a hijos contra padres, a esposos entre sí y ¿cuál es el resultado? Ninguno. Ninguno bueno, el resultado más común es que los que se pelean dejen de verse. A mi no me gusta pelear. Odio pelear, para ser más claro. Pero como reza el dicho popular “para pelear se necesitan dos”. ¿Quieren pelear? Muy bien chicos, comiencen sin mí. ¡OJO! Una cosa es hablar civilizadamente de gustos y disgustos y otra es tratar de imponer las condiciones a los gritos. Hablando se entiende la gente, no gritando, ni insistiendo. Los errores no se arreglan a los gritos. Menos los errores propios.
Es muy triste sentir que uno se ha equivocado en la elección de la pareja. Sobre todo quienes concebimos nuestro proyecto de vida junto a alguien, pero nadie está exento de equivocarse. Una, dos, tres veces. Otra cosa q…

nunca se sabe

Una consecuencia natural del paso del tiempo es que uno se va convirtiendo en el más viejo de todos los ámbitos en que desarrolla su vida. El más viejo en la oficina, el más viejo en el edificio, el más viejo del equipo de fútbol. Alguna vez seré el más viejos del geriátrico, pero para eso falta, espero.

De repente advertimos que toda la gente que nos rodea nos va a sobrevivir. Lo curioso es que no es una mala sensación, al contrario. Recuerdo que en ocasiones veía a mis padres con un dejo de tristeza, justamente porque sabía que morirían antes que yo. Hoy veo a todos con alegría. No voy a ser yo el que llore en sus velatorios sino al revés. Debe ser terrible ser un padre viejo y sentir que los hijos nos seguirán necesitando cuando ya no estemos, pero por suerte ese no es mi caso. ¡Un tiro para el lado de los justos! Lo único que lamento verdaderamente es que muy probablemente mi perro viva menos que yo. Aunque nunca se sabe.

el egoísmo según Ayleen

Para Ayleen es más devastador romper sus zapatos rojos que un tsunami arrase las islas Fiji, y no exagero ni un poco. Pero no voy a demonizarla, el egoísmo es una parte intrínseca del género humano. Tan normal como tener brazos, piernas y pulmones. Además, ¿dónde quedan esas benditas islas? “Egoísta es aquel que piensa en sí mismo en vez de pensar en mí” dicen que dice Ayleen. El egoísta está condenado a una existencia acotada, Alex. A un mundo pequeño en el que sólo entran él y sus benefactores. Pero el problema no es ese, el verdadero problema es que la única forma de felicidad que concibe un egoísta es a través de su propia satisfacción. Estaba de acuerdo con la visión de Fernando, que se envalentonaba con sus propias definiciones, tan de acuerdo que no emití palabra.  Espero que llegue el momento en que Ayleen pueda sentir la felicidad de dar felicidad. Con esa frase, hermosa y altruista, Fernando terminó su exposición del mediodía. Pedimos la cuenta y cada uno volvió a su trabaj…

el diario sexual de Patricia (2)

Tengo en mi poder varias páginas del diario de Patricia. Me volvió a decir que no tenía problema que lo publique, así que lo hago. Eliminé los últimos dos renglones porque eran más íntimos. No sé.

Ayer por la noche me abracé a Él.
Mirábamos una serie en TV y cuando terminaba el capítulo me dijo de ir a la cama. No tenía sueño y no tenía ganas de ir a la cama...pero era porque tenía ganas de mirar la tele. Él no insistió.
Muchas veces mi ánimo cambia o mi pereza cambia cuando Él me toca.
Eso ya es un hecho.Pero a pesar de que le noté duro como una piedra, Él no quería más.
Hasta que cambió de opinión. Ayer sentí una nueva sensación. Deseé que durara más pero no supe como decirle que siguiera. Él sabe como calentarme. Me hace subir encima suyo y me hace cabalgarlo. Hace que le sienta muy adentro, me agarra por la cintura y me empuja hacia abajo. Y Él se mueve y yo busco la manera de sentir más. Y lo siento. Es una sensación magnífica sentir el placer tan explícito. Parece que vayas a t…

la vida es bella?

El próximo fin de semana me obligaré a ir a visitar a mi tía. A veces estoy a veinte metros de su casa y sin embargo me cuesta entrar a verla y eso que es una mujer afable y cariñosa. No sé que me pasa.
Mi única tía viva tiene más de noventa años y repite con bastante frecuencia que si tuviese que vivir otra vez le gustaría que su vida fuera exactamente la misma que tuvo, que no cambiaría absolutamente nada. Supongo que en esa declaración algo tiene que ver la consciencia de la proximidad del fin, pero soy testigo que siempre fue una mujer positiva y que enfrentó con valentía todo lo que tuvo que enfrentar.
No sé si les dije que creo que la humanidad podría dividirse en dos grupos, los que disfrutan la vida y los que no. Si esa hipótesis fuese cierta, ella integraría el primer grupo y yo el otro. Me solidarizo con quienes sienten que la vida es injusta, pero adelanto que quejarse no soluciona nada. No creo que Dios se decida a cambiar las reglas sólo para no escuchar reclamos estúpid…