miércoles, 31 de agosto de 2016

sexo y dinero


Ayer hable con mi jefe acerca del sueldo. Me dijo que él ya sabía que yo no ganaba demasiado lo cuál no sé si me alegra o me entristece. Es raro, yo estaba tranquilo hasta que la semana pasada me enteré que cierta gente que antes ganaba menos que yo, hoy en día me supera por mucho. Siempre critiqué a los que comparan el sueldo y ahora hago lo mismo.
Pero no sé de qué me sorprendo, siempre estamos comparando. Si las comparaciones se centraran sólo en lo material la cosa no sería tan grave. El problema es que la necesidad de comparación abarca toda nuestra vida. La sensación de lo que comúnmente llamamos felicidad, pero no lo es, es el resultado de la comparación contra cómo estuvimos o contra cómo podríamos estar.  La mayor parte de las veces los resultados resultan desalentadores, porque los recuerdos son perfectos y porque la fantasía nunca tiene defectos.

Por la tarde estuvimos hablando con Patricia acerca de su diario sexual. Me envió por mail un relato de lo que fue uno de los encuentros con el viajante y sólo de leerlo tuve una erección, cosa que a mi edad es casi milagroso. Durante el tiempo que estuvimos juntos nuestro sexo era de lo más normal y ahora resulta ser una máquina de sexo y lujuria. Hablando de comparaciones.

Hablé unos minutos con Olga, pero como dije anteayer, sigue ocupada con su bendita lencería.


2 comentarios:

  1. Todo escritor deja algo de su esencia entre sus letras.
    Gracias por tu huella en mi blog.

    Mil besitos.

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    1. Es cierto, es inevitable. Aún los no escritores, como yo.
      Un beso grande

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