martes, 30 de agosto de 2016

va cayendo gente al baile


Fernando lleva más de veinte años de casado con Susana. Él no es un angelito de Dios pero siempre fue muy discreto. Por Susana pongo las manos en el fuego. Sé que Fernando la adora y también sé que es el tipo de mujer con la que no se puede hablar de ciertas cosas. El estúpido ego de las personas.
Hay un momento de la vida en que se llega a una encrucijada, por un lado el camino seguro y frustrante de un matrimonio a medias y por el otro el riesgo de la sinceridad y el elusivo premio de la plenitud. El modelo aceptado de matrimonio es de un matrimonio sin fisuras, pero ese tipo de matrimonios no existe. La esposa de un primo mío decía que lo único que ella exigía era que él vuelva a dormir a casa. No sé si lo decía porque convencimiento o por resignación, pero en cualquier caso era una exigencia realista. Quizá en el fondo se trate de falta de confianza. La confianza también se concibe como todo o nada, otro error terrible. Somos ángeles y demonios y así nos tenemos que aceptar. Es imposible tenerlo todo, si se entendiera eso bajaría la tasa de separaciones de manera dramática.

A la otra secretaria del pool la llamaré Ayleen. Yo no la conocí en sus comienzos pero dicen que ya empezaba a mostrar lo que era. Un tiempo dependió de mí en forma directa. Decía que no le gustaban los mayores pero conmigo iría a la cama. Tiene la costumbre de tirar esos mensajes que sabe que llegarán a destino. Yo ya la había “calado” así que la dejé pasar. Hace un tiempo se puso ciento diez de tetas. Hoy tiene el aspecto de lo que es. Parece mentira que haya hombres que compren ese tipo de mercadería, pero es sabido que los hombres pensamos con la pistola, sino que le pregunten al marido de Olga.



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