viernes, 30 de septiembre de 2016

crisis de la edad


Escuchaba  a Ayleen quejarse porque aumentó de peso. No podía entender la razón por la cual antes comía y no engordaba y ahora ganaba kilos con sólo tomar agua. Pensé recordarle que con los años el metabolismo va cambiando, pero no dije nada, jamás hay que azuzar a una víbora.
Esa conversación me hizo pensar que después de los cincuenta uno cae en cuenta que todo lo fisiológico va a empeorar. Es a los cincuenta cuando uno se aviva. Aunque la declinación haya comenzado dos décadas antes la toma de consciencia, como siempre, llega con retraso. No sé cuál es la razón por la cuál a los seres humanos nos cuesta tanto darnos cuenta de lo obvio. Pero lo bueno es que finalmente se aprende. Recuerdo que antes me comparaba con años anteriores. Hoy me alegro de cómo estoy porque soy consciente que nunca estaré mejor que como estoy ahora. Mañana no tendré más pelo ni mejores erecciones, es más, muy probablemente pase lo contrario. Este "darse cuenta" vino de la mano de la enfermedad de mi madre. Al principio fue un golpe aceptar su deterioro, luego entendí que tenía que disfrutarla en el estado en que estaba porque en pocos días, o semanas, estaría peor. La decadencia de la carne se hace aún más patente en las personas mayores.
Ayleen siguió hablando, supongo que de sí misma como siempre hace, pero no puedo precisar cuál habrá sido el tema. Terminé algunas cosas que tenía pendientes y después llamé a Olga.

domingo, 25 de septiembre de 2016

el diario sexual de Patricia (1)


Como había anticipado voy a comenzara publicar unos escritos en que Patricia desarrolla sus encuentros sexuales con el viajante. Son de alto volaje erótico y ciertamente morbosos. Perfecto!

Le mandó un mensaje mientras cenaba con los amigos. Ponte el plug y vete a dormir, ya te lo quitaré yo cuando llegue. No te preocupes, no dormirás con él. Sabía que iba a protestar de que no podría dormir con el plug puesto, que no podía dormir toda la noche con "eso", que no era sano y bla, bla, bla...así que evidentemente se anticipó a todo. Aún ocupado con sus cosas y le daba órdenes. Estaba incómoda, tenía la menstruación, no se sentía muy bien, Le dolía un poco la cabeza y no estaba de humor. Antes de irse a la cama se duchó de nuevo y se puso el plug. Ciertamente una incomodidad. Pero se durmió.
Le escuchó vagamente hablar con el perro. Ya había llegado, no sabía la hora, pero no pensaba moverse ni un milímetro. La cama estaba a una muy buena temperatura y no quería desvelarse. Pero evidentemente Él no la iba a dejar tranquila. Se pegó a ella, tenía el cuerpo frío  y el aliento a alcohol. Eso la molestaba. Le besó el cuello y le estrujó los pechos por encima de la camiseta.
-Tengo sueño. -le gruñó.
-Pues yo estoy muy despejado.-fue su contestación y pasó sus manos por debajo de la tela. Volvió a gruñir y Él tiró de su camiseta hasta quitársela. Bajó las manos por su espalda y se paró encima de la bombachita, pasó un dedo y tocó el plug. -Mmmmm...buena chica...
Notó como se movía por encima de la cama y colocaba a su lado una toalla. La hizo poner encima.
-Por favor...no...quiero dormir...jolín!!! Él se colocó literalmente encima suyo con una rodilla a cada lado y le quitó las bragas. Enterrró la cabeza en la almohada muerta de vergüenza y movió el cuerpo, lo que Él aprovechó para subir su pelvis y le quitó el plug, entreabrió sus nalgas y le puso un dedo mientras le mordía el culo. Gritó.
Nunca le había mordido con tanta fuerza, le escocía y eso la hizo despertar y moverse. Sus manos eran rápidas no dejaban de tocarla, manosearla podría decirse, jamás la había tocado de esa manera.
-Eres mi puta y quiero cogerte. Ahora no te hagas la estrecha. Y quiero cogerte por la cola porque no quiero mancharme. ¿Lo entendiste puta?  Así que ayúdame y separa tu colita para mi con tus manos. Resopló, el corazón se le aceleró. No quería hacerlo, quería dormir, en aquel momento tenía un sentimiento contradictorio, quería levantarse y marcharse, no soportaba el olor  a alcohol y esas manos que parecían otras que la hacían sentir sucia.
Con una mano la agarró del cuello, pegó su boca a su oído y le susurró ¿no querías ser mi puta? las putas cuando tienen la menstruación lo hacen por la cola ¿entendiste?
Así que ábrete para mi puta sucia. No entendía como se sentía, pero hizo lo que le pedía, puso sus manos en sus nalgas y abrió su cola. Sintió como su miembro se abría paso lentamente. Intentó moverse, le hacía un poco de daño, pero él no paró. Empezó a entrar despacio hasta que la entró toda. le sentía respirar. Le sentía moverse.
-Me gusta que obedezcas. Me gusta tener una puta así de obediente...


martes, 20 de septiembre de 2016

almuerzo de trabajo


Después de leer el relato de Patricia no pude manejar la curiosidad y la invité a almorzar. Invitar es un decir porque es costumbre que cada uno pague lo suyo. Usualmente me cuesta dividir las cuentas con una mujer pero con ella no hay caso, inclusive cuando salíamos se negó sistemáticamente a que pague su parte. Desde que se separó nunca quiso sentir que dependía de alguien. Algunas separaciones dejan marcas muy fuertes y eso que, por lo que sé, la suya fue de lo más armónica. Con ella hablamos de todo menos de su separación. Una vez comenzó a hablar de su ex y se puso a llorar desconsoladamente, a partir de ese momento evitamos tocar el tema.
Por lo que me dijo, lo del viajante es sólo sexual.  Ninguno de los dos sabe mucho del otro porque no quieren correr el riesgo de involucrarse sentimentalmente. Se conocieron en una página sado-masoquista y el tipo la está introduciendo en esas prácticas.
Pensé en preguntarle por qué conmigo el sexo fue como fue, pero me aguanté las ganas. Sé por experiencia que todos somos distintos según con quien estemos y no sólo en la cama. Hay personas que nos permiten ser como somos y otras que logran, aún sin quererlo, que seamos extraños.


jueves, 15 de septiembre de 2016

AK-47


En la oficina estaban hablando sobre un artículo que publicó un importante diario acerca de la crueldad de un hijo de puta contra un pobre perro que nada le había hecho. No doy detalles porque sólo acordarme lo que pasó me hace caer en una profunda tristeza.
Hay momentos en los que creo que el mejor servicio que podría hacer a mis semejantes sería tomar una kalishnikov y eliminar de la faz de la tierra unos cuantos hijos de puta. Hay tantos que es difícil elegir, pero yo me concentraría sólo en los maltratadores de animales. Sé que no mataría ni siquiera a una milésima de esos miserables, pero seguramente mi acción serviría de inspiración a algún otro justiciero desquiciado. Tendría que llevar también algunas granadas de mano por si tengo la suerte de encontrarlos reunidos, pero no las arrojaría todas, reservaría una con la que me haría explotar cuando me tengan acorralado o esté mal herido.
Nos citamos con Olga en la avenida Mosconi al lado del paredón lateral de un colegio religioso. Llegué primero y esperé en el auto. A los pocos minutos ella estacionó detrás de mí. Hablamos dos o tres tonterías mientras abría la cremallera de mi pantalón. Luego se arrodilló en el asiento del acompañante y no paró hasta hacerme acabar con su boca. Se limpió con un kleenex, me dio un beso rápido, volvió a su auto y partió para su casa. No es la primera vez que hace eso y espero no sea la última.
Hablé con ella antes de entrar a mi departamento. Hablamos sólo dos palabras, me dijo que estaba apurada.


miércoles, 14 de septiembre de 2016

mañana de sábado


Eran aproximadamente las diez de la mañana de un sábado de septiembre, o quizá de octubre. Aparcó el automóvil de la mujer en la cochera del hotel de siempre, con la tensión de siempre. Sabía que nunca se acostumbraría a caminar por una cornisa tan estrecha, pero en ese momento pensaba que la recompensa valía la pena. Durante dos horas el mundo exterior desaparecería entre las sábanas y luego cada uno volvería a su vida real, como venía sucediendo desde hacía un tiempo. La gente se resiste a aceptarlo, pero muchos buenos matrimonios se sostienen gracias a la existencia de amantes.
Él no era ningún adolescente pero aún sentía la compulsión cazadora y ella, que era una mujer relativamente joven, necesitada más adrenalina que la que su vida diaria le proporcionaba. Ambos comprometidos, prudentes y se llevaban muy bien en la cama, no se necesitaba nada más.
Se aprestaban a bajar del auto cuando un celular comenzó a vibrar. No podía ser el suyo porque había tomado la costumbre de dejarlo en modo silencioso. Era el de la mujer. En segundos la conversación se hizo tensa y ella la terminó abruptamente. Vámonos, éste me siguió. La voz de la mujer, habitualmente firme, denotaba un acceso de miedo. Volvieron a la recepción por la que habían pasado hacía sólo unos minutos y él le explicó sucintamente la situación al conserje, que dio la impresión de haber escuchado esa historia más una vez antes. Miraron a la calle por una ventana de la recepción y al parecer el marido no estaba allí.
Fernando maldijo por lo bajo no haber ido en su propio auto, pero ella siempre insistía en usar el suyo. Suponía que de esa manera se minimizaba la posibilidad de ser descubierta.
Juntos analizaron cuáles debían ser los pasos a seguir y finalmente la mujer prefirió salir sola del hotel. Confiaba en que, aún en el peor de los casos, sería más fácil explicarle a su esposo si ella estaba sola. Se dieron un abrazo con Fernando quien prometió no abandonarla pase lo que pase. La mujer subió a su vehículo y abandonó el lugar.
Transcurrieron casi tres horas hasta que Fernando recibió un mensaje. Fueron las tres horas más largas de su vida. Cuando volvieron a comunicarse Irene le contó que el encuentro con su esposo fue más civilizado que lo que podía esperarse y que él aceptó su explicación sin repreguntas. Luego comieron algo y él se fue a jugar tenis. Según la versión que Fernando construyó sólo para él, Octavio eligió creerle y ella se lo agradeció en la cama de la forma en que sabía hacerlo. Lo del tenis le pareció cierto.
Después de ese día, los encuentros entre Fernando e Irene se hicieron más esporádicos, aunque igual de pasionales. Con el tiempo, Fernando e Irene se dejaron. Octavio sigue con ella.

martes, 13 de septiembre de 2016

pasión peluda


Frase de amor a los animales - Nuestro prójimo.:

Por suerte, durante muchos años nadie necesita saber para qué vive. Hay mucho para hacer y las posibilidades son incontables, cuanto menos en la teoría. Son épocas en que, potencialmente, podemos ser astronautas, maestros de escuela, artistas, políticos, gigolós, buzos tácticos, médicos, espías, paleontólogos, generales, etc. El único límite es la imaginación. Conviven, con esas alternativas casi infinitas, las salidas con los amigos, la noviecita, los levantes, la universidad, el primer trabajo, el casorio. Son tantas las cosas que parece imposible poder encajarlas en tan escaso tiempo. Después vienen los hijos y las preocupaciones por ellos. El tiempo sigue siendo insuficiente. Algunos se meten, antes o después, en la carrera por el ascenso laboral, primero, y social, después. Otros, los más afortunados, logran trabajar de lo que les gusta. Hay personas para las cuales el laburo y/o la profesión da la motivación suficiente para seguir tirando del carro sin hacerse preguntas incómodas. Los que por suerte, o por desgracia, no somos movidos por ese motor anímico, tendemos a sentirnos prematuramente insatisfechos. Entonces buscamos aquí y allá algo que ayude a prender la llama de alguna pasión dormida. Lo malo es que con los años se hace más difícil apasionarse y las más de las veces uno termina su existencia sin saber bien para qué se levanta cada mañana.
El que aquí escribe, día sí día no, tuvo la gran suerte de encontrar una pasión: los perros. Mejor dicho, el sufrimiento de los perros.
Imagino a un lector levantando las cejas, un poco desilusionado por lo que va siendo el desenlace de un posteo que prometía algo mejor. A ese supuesto lector le digo que puedo entenderlo, porque si bien nunca he sido un insensible, no hace mucho que me enteré del infierno que viven millones de animales. ¿Qué podría ocuparme de los niños, de los viejos, de los canguros o de los albatros? Claro que sí, pero a mí se me dio por los perros. Podría dar mis razones, pero son las mías y sirven para mí. No es que sean secretas, pero muy posiblemente al resto no lo sensibilice lo que me sensibiliza a mí. Además no siento que deba justificarme. Sólo diré que para mí todas las vidas tienen el mismo valor. Sepan perdonar.
Me queda ahora encontrar el modo de convertir esa necesidad de ayudar en ayuda concreta. No me parece que sea un camino exento de incomprensión y de egoísmo, mucho menos de enfrentamientos, pero si logro aliviarle la vida a un solo perro o si logro crear consciencia en una sola persona, esto habrá valido la pena. “Quien salva una vida, salva al mundo entero”

sábado, 10 de septiembre de 2016

maratón sexual


Algún/a desprevenid@ quizá imagine que este posteo hablará sobre mis propias aventuras sexuales. Nada más lejos de la realidad. Les ruego que no sean insolentes que soy un hombre mayor, y que se limiten a leer y a reflexionar.

Ayer leí una entrada muy interesante dónde una joven relata, con bastante detalle, una serie continuada de relaciones sexuales que con buen criterio denominó “maratón sexual”. Dejo el enlace para los que quieran disfrutar de su relato fresco y veraniego. Advierto a quienes continúen leyendo, que esta no es una entrada liviana y pasatista, todo lo contrario. Aquí se va a desgranar un problema serio, que la humanidad niega, esconde, o en el mejor de los casos, menosprecia.

Como ya deben saber no soy machista, pero soy consciente de las diferencias de género. Una de esas diferencias es irritante y ciertamente vergonzosa. El posteo homónimo al que me estoy refiriendo es una gran metáfora de ese problema.

Vamos al análisis.

Los elementos: una mujer, seis hombres, una casa.
Las acciones: comer, dormir, fornicar.

En una primera lectura no aparece nada demasiado raro, pero cualquier niño de primaria se daría cuenta del problema que subyace en esa situación aparentemente normal. ¿Qué diría ese niño? ¿Cuál sería su pregunta? “¿Por qué seis hombres y una sola mujer?” Si señor@s, “this is te question”.

No faltará quien diga que tal vez se trate de un relato de ficción, porque siempre hay personas que se especializan en observaciones inútiles. ¿Qué le contestaría yo a es@ brut@ negad@r? Que es cierto, que tal vez la autora hace años que no tiene sexo, pero que sin embargo es un relato verosímil, que es algo que puede suceder y que seguramente sucede, ha sucedido y sucederá miles, millones de veces. Descuento que la autora se regodea íntimamente en la superioridad sexual de la mujer. Entonces Ud., querido amigo, se preguntará cuál es el motivo de tamaña desigualdad de la naturaleza y pondrá en duda la justicia Divina. Lamento decirle que yo tampoco encuentro contestación a semejante despropósito de la fisiología. Y mientras nosotros nos condolemos ante esa certeza que lastima, seguramente habrá alguna mujer que diga que somos los hombres los infieles, los libertinos. Pero que no me hagan reír que tengo un familiar enfermo. Olvidan acaso que por cada infiel hay una infiel, ¿o las relaciones sexuales son de a uno?

Hasta hace unos años, la religión condenaba a las infieles. Lo bien que han hecho en condenarlas, pero ahora, en esta época de relajación de las normas, sale a la luz la voracidad sexual del género femenino.

Hago votos para que se vuelva a la moralidad de antaño y si eso no es posible, que si una mina se pasa en un rato a varios tipos por las armas, tenga la delicadeza de no publicarlo. 

Será justicia.


jueves, 8 de septiembre de 2016

barajar y dar de nuevo


Leí que los Yankees estudian el espacio buscando algún asteroide que podría impactar contra la Tierra, con el objetivo de poderlo destruirlo o desviarlo antes que, por fin, el buen Dios haga justicia. Con una mano en el corazón, lo mejor que nos podría pasar es que un asteroide, un vendaval, una plaga de langostas carnívoras, o un virus de laboratorio termine con este mundo horripilante. Las cosas no solamente no están bien, sino que están mal y van para peor.

Está claro que llegó en momento de barajar y dar de nuevo.

Como sé que es altamente probable que Dios lea este blog, quisiera aconsejarle que haga cagar a todos los seres vivos: personas, animales y plantas. Sin contemplación y sin miramientos. “Manu militari”, Troesma.

Dicen que Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Como prueba estuvo bien, pero llegó la hora que el Tipo haga algo de autocrítica. Quizá en el cielo funcione el formato humano, pero aquí abajo anduvo como el culo. El hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra, supongo que Dios no será tan torpe de repetir la misma cagada dos veces y vuelva a crear un género de inadaptados, vagos y cagadores. Claramente sólo hay dos opciones: o nos hace distintos, o trae marcianos para colonizar el planeta. Pero si se digna a aceptar la sugerencia de un tipo que no se vino viejo al pedo, la solución es muy sencilla: todas las mujeres con buen culo y tetonas, todos los tipos con 25 cm de pistola, sin discriminación alguna. La gente se la va a pasar cogiendo y no le va a quedar ganas para hacer quilombo.

Simple ¿no?



miércoles, 7 de septiembre de 2016

nadie muere mocho


Supongo que todos saben qué quiere decir "nadie muere mocho", pero puede ser que no. Muy probablemente alguno que lee este blog puede recitar a Shakespeare de memoria y no sabe qué quiere decir esa frase. Yo sé lo que quiere decir y no sé nada de Shakespeare... ni de Beethoven, ni de Einstein, ni de la segunda guerra mundial, ni de la primera, ni de la revolución rusa, ni de la guerra contra el Paraguay, ni nada de esas cosas que hay que saber. Cada uno sabe lo que sabe. "Nadie muere mocho" quiere decir que nadie muere sin que le hayan puesto los cuernos, nada más que eso.

La verdad es que morir mocho o cornudo no me parece relevante. Para comenzar no depende de uno, sino de la pareja. Segundo, hoy en día casi todo el mundo tiene algún affaire por ahí. ¿Está bien, está mal? No sé que decir, para mí es un tema fundamentalmente cultural y lo cultural es cambiante geográfica y temporalmente. Sin ir más lejos, hasta hace un tiempo convivir sin casarse era casi un sacrilegio, hoy casarse es casi una rareza. Antes de juzgar la infidelidad, uno podría preguntarse si la institución matrimonial se ajusta a la evolución, si la poligamia es genética, si los machos tienen instinto cazador y las hembras maternal, y así siguiendo. Hay mil preguntas y hay diez respuestas a cada pregunta. ¡Fíjense qué quilombo! Tal vez mañana salga un estudio sociológico que diga que los infieles son mejores personas que los fieles y en un año se instituye al 6 de agosto como el día universal del infiel, y es feriado. Finalmente, lo usual es lo normal, y lo normal termina siendo lo que está bien.
Uno se lo toma en joda, pero millones de personas fueron/son infelices por no ser infieles, o por serlo. Los mandatos culturales son centrales en nuestra vida. La infelicidad y la insatisfacción personal en muchísimos casos está relacionada únicamente con los acuerdos sociales. Acuerdos que nadie se tomó el trabajo de hacernos firmar pero que debemos respetar.

Lady Di y Carlos de Inglaterra están como fondo de blog porque la Lady no fue una santa y el Carlos tampoco. Si la realeza hace tantas cagadas, ¿qué se puede esperar de nosotros, los mortales?


lunes, 5 de septiembre de 2016

el último recurso


Ayer nos vimos con Fernando. Me dijo con lágrimas en los ojos que había pensando quitarse la vida. Es normal, ¿quién no pensó en suicidarse alguna vez? Yo lo pensé varias veces pero está visto que no respeté la idea. Es que generalmente no soy de hacer lo que pienso. Como la mayoría, me muevo más por impulsos que por razonamientos. Para mí el suicidio es una salida válida, pero no creo que deba ser la primera opción. Quitarse la vida debería ser el último recurso y no el primero. De ninguna manera me parece una aberración o una locura, como muchos sostienen, yo creo que las cosas hay que mantenerlas mientras tengan sentido y si la vida deja de tener sentido no tiene caso continuar en ella. Es como quedarse hasta el final en una película que te hace entristecer. ¿Para qué? Pero me parece que antes de “dar las hurras” hay que probar alguna que otra cosa a ver si se puede mejorar. Yo comenzaría con algún psicofármaco. Dicen que las depresiones vienen por un déficit de serotonina o algo por el estilo. No estaría mal visitar algún psiquiatra y pedirle que nos “chute” con alguna pastilla milagrosa. Al menos para no morirse tan deprimido. Antes de suicidarme yo me compraría un “chumbo” y haría justicia por mano propia. No estaría mal terminar como un justiciero. Hasta es posible que Dios me reciba con los brazos abiertos. Quizá me compraría una moto, siempre tuve ganas de tener una pero no lo hice porque me da miedo “estrolarme” y quedar tullido, pero si la decisión es partir hay que darse los gustos antes de la despedida.
A los condenados a muerte le permiten elegir qué comer antes de la ejecución. Como, gracias a Dios uno no está en esa situación, además de elegir la comida uno podría agenciarse un book y echarse un buen polvo con alguna top model. No sé, hay muchas cosas que se podrían hacer, la cuestión es tener las ganas y ganas son lo que faltan en esos momentos, por eso yo insisto con lo de los antidepresivos. Ese debería ser el primer paso. En resumidas cuentas, es lo que le aconsejé a Fernando.

jueves, 1 de septiembre de 2016

más cerca del hoyo que de la salida


Fernando me llamó de urgencia así que antes de entrar al trabajo nos reunimos una media hora en el café de Independencia y Salta. Por suerte trabajamos bastante cerca. Sabía que no se trataba de una urgencia real, pero él es así de dramático para todo. Me confesó que no sabía que hacer con su matrimonio... justo a mí que no sé qué hacer con mi vida. Estuve tentado a decirle que haga lo que haga debía hacerlo por él mismo y no por Susana, ni por los chicos, ni por Iris, la tercera en discordia, pero me callé porque cualquier cosa que haga lo hará por él, no existe otra posibilidad.  Los humanos somos dados a sentirnos altruistas y desgraciadamente nada más lejano. Todo lo hacemos por nosotros mismos.
Sólo le dije que estoy convencido que después de tantos años de matrimonio lo único inaceptable es abandonar al otro, pero que la vida es demasiado corta para pasarla junto a quien no se ama. Porque una cosa es separarse de alguien y otra muy distinta abandonar a alguien. Esa idea pareció tranquilizarlo un poco. Se quedó pensando y al rato me dijo ¿y si después me doy cuenta que me equivoqué? Podés tratar de recomponer la situación, le dije sin convencimiento. ¿Y si ella no quiere? Te jodés, no todo tiene vuelta atrás.

Pensaba en Fernando y pensaba en mí. Ambos pasamos largamente los cincuenta. ¿Cuánto hilo nos queda en el carretel? Seguro que mucho menos del que ya salió, y si bien lo único que se tiene es el presente no hay que perder perspectiva el tiempo vivido. A esta edad no se puede seguir pensando como si se tuvieran veinte años y quedara todo por hacer. Bien o mal, ya se han vivido muchos años y no hay que perder eso de vista. La vida es el conjunto de lo vivido y de lo que queda por vivir. Ya lo decía Borges “la vida es la senda futura y recorrida”.
Nadie a esta altura puede decir "tal decisión arruinó mi vida", porque la mayor parte de la vida ya se vivió. No me atrevo a asegurar que fueron los mejores años, pero sí que fueron la mayor parte de ellos. Fernando podría decir "con mis decisiones o acciones arruiné mi último cuarto de vida". Eso sería correcto.
Si le sale mal a Fernando tendrá que acostumbrarse a vivir distinto de cómo vivía antes, no veo otra alternativa. Si le sale mal pasará los próximos veinte años, en caso que llegue a vivir tanto tiempo, peor que lo que los podría haber pasado junto a Susana y nada más. Lo único que no se tiene que hacer es añorar lo perdido. Mi tío Francisco, que tenía nada de filósofo formal y mucho de filósofo de vida, siempre decía "hay que mirar para adelante". Y eso es precisamente lo que hay que hacer. Cuando hable con Fernando se lo voy a decir.