martes, 20 de septiembre de 2016

almuerzo de trabajo


Después de leer el relato de Patricia no pude manejar la curiosidad y la invité a almorzar. Invitar es un decir porque es costumbre que cada uno pague lo suyo. Usualmente me cuesta dividir las cuentas con una mujer pero con ella no hay caso, inclusive cuando salíamos se negó sistemáticamente a que pague su parte. Desde que se separó nunca quiso sentir que dependía de alguien. Algunas separaciones dejan marcas muy fuertes y eso que, por lo que sé, la suya fue de lo más armónica. Con ella hablamos de todo menos de su separación. Una vez comenzó a hablar de su ex y se puso a llorar desconsoladamente, a partir de ese momento evitamos tocar el tema.
Por lo que me dijo, lo del viajante es sólo sexual.  Ninguno de los dos sabe mucho del otro porque no quieren correr el riesgo de involucrarse sentimentalmente. Se conocieron en una página sado-masoquista y el tipo la está introduciendo en esas prácticas.
Pensé en preguntarle por qué conmigo el sexo fue como fue, pero me aguanté las ganas. Sé por experiencia que todos somos distintos según con quien estemos y no sólo en la cama. Hay personas que nos permiten ser como somos y otras que logran, aún sin quererlo, que seamos extraños.


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