miércoles, 14 de septiembre de 2016

mañana de sábado


Eran aproximadamente las diez de la mañana de un sábado de septiembre, o quizá de octubre. Aparcó el automóvil de la mujer en la cochera del hotel de siempre, con la tensión de siempre. Sabía que nunca se acostumbraría a caminar por una cornisa tan estrecha, pero en ese momento pensaba que la recompensa valía la pena. Durante dos horas el mundo exterior desaparecería entre las sábanas y luego cada uno volvería a su vida real, como venía sucediendo desde hacía un tiempo. La gente se resiste a aceptarlo, pero muchos buenos matrimonios se sostienen gracias a la existencia de amantes.
Él no era ningún adolescente pero aún sentía la compulsión cazadora y ella, que era una mujer relativamente joven, necesitada más adrenalina que la que su vida diaria le proporcionaba. Ambos comprometidos, prudentes y se llevaban muy bien en la cama, no se necesitaba nada más.
Se aprestaban a bajar del auto cuando un celular comenzó a vibrar. No podía ser el suyo porque había tomado la costumbre de dejarlo en modo silencioso. Era el de la mujer. En segundos la conversación se hizo tensa y ella la terminó abruptamente. Vámonos, éste me siguió. La voz de la mujer, habitualmente firme, denotaba un acceso de miedo. Volvieron a la recepción por la que habían pasado hacía sólo unos minutos y él le explicó sucintamente la situación al conserje, que dio la impresión de haber escuchado esa historia más una vez antes. Miraron a la calle por una ventana de la recepción y al parecer el marido no estaba allí.
Fernando maldijo por lo bajo no haber ido en su propio auto, pero ella siempre insistía en usar el suyo. Suponía que de esa manera se minimizaba la posibilidad de ser descubierta.
Juntos analizaron cuáles debían ser los pasos a seguir y finalmente la mujer prefirió salir sola del hotel. Confiaba en que, aún en el peor de los casos, sería más fácil explicarle a su esposo si ella estaba sola. Se dieron un abrazo con Fernando quien prometió no abandonarla pase lo que pase. La mujer subió a su vehículo y abandonó el lugar.
Transcurrieron casi tres horas hasta que Fernando recibió un mensaje. Fueron las tres horas más largas de su vida. Cuando volvieron a comunicarse Irene le contó que el encuentro con su esposo fue más civilizado que lo que podía esperarse y que él aceptó su explicación sin repreguntas. Luego comieron algo y él se fue a jugar tenis. Según la versión que Fernando construyó sólo para él, Octavio eligió creerle y ella se lo agradeció en la cama de la forma en que sabía hacerlo. Lo del tenis le pareció cierto.
Después de ese día, los encuentros entre Fernando e Irene se hicieron más esporádicos, aunque igual de pasionales. Con el tiempo, Fernando e Irene se dejaron. Octavio sigue con ella.

6 comentarios:

  1. Una historia que muy bien podría llevarse a la realidad... Muy bien llevada... haces que nos metamos en la mente de los personajes realizando esa reflexión de los hecho.
    Te felicito, Alex.

    Mil besitos.

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    1. Hay dos razones por las cuales escribo, una como catarsis y la otra para intentar entretener. Parece que con esta entrada he logrado entretenerte y eso me gratifica enormemente.
      Muchas gracias
      Un beso grande

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  2. Historias que se repiten mucho más de lo que imaginamos. Yo
    siempre intento entender los fenómenos emocionales y existenciales desde los cuerpos, aquellos que los contienen. El amor mismo, su decadencia, su inevitable deterioro, y es que si el amor está compuesto de dos personas cuyos cuerpos son degenerativos, creo entonces que este no podría ser de otra forma.
    Es entonces cuando buscamos llenar esos huecos emocionales con relaciones como la que nos cuentas en esta historia.

    Gracias por tu visita a mi espacio.
    Un beso.

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    1. Esta es, sin ir más lejos, una historia real y como bien decís que se viene repitiendo una y mil veces. Yo creo que la vida humana es muy corta para todo lo que hay que aprender. Es una verdadera lástima que la experiencia tan penosamente conseguida llegue casi siempre tarde.
      UN beso grande y muchas gracias

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  3. Las relaciones son siempre un poco más complicadas de lo que creemos y vemos. Y difícilmente se pueda criticar, mucho menos juzgar... el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra. Tu relato tiene tantos "puntos" reales que hace que llegue y quede haciendo eco.

    Un beso.

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    1. Hola Alama!
      Como escribí en mi anterior comentario, se trata de una historia real que le sucedió a alguien. Coincido totalmente en que las relaciones humanas son siempre complejas y singulares. Cuando dos personas se encuentran, se encuentran también dos historias únicas. Cuando uno ha vivido unos cuantos años se da cuenta que juzgar carece de sentido. Inclusive los involucrados muchas veces no se explican por qué hicieron lo que hieron. Mucho menos los de afuera.
      Muchas gracias!
      Besos & abrazos

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