jueves, 1 de septiembre de 2016

más cerca del hoyo que de la salida


Fernando me llamó de urgencia así que antes de entrar al trabajo nos reunimos una media hora en el café de Independencia y Salta. Por suerte trabajamos bastante cerca. Sabía que no se trataba de una urgencia real, pero él es así de dramático para todo. Me confesó que no sabía que hacer con su matrimonio... justo a mí que no sé qué hacer con mi vida. Estuve tentado a decirle que haga lo que haga debía hacerlo por él mismo y no por Susana, ni por los chicos, ni por Iris, la tercera en discordia, pero me callé porque cualquier cosa que haga lo hará por él, no existe otra posibilidad.  Los humanos somos dados a sentirnos altruistas y desgraciadamente nada más lejano. Todo lo hacemos por nosotros mismos.
Sólo le dije que estoy convencido que después de tantos años de matrimonio lo único inaceptable es abandonar al otro, pero que la vida es demasiado corta para pasarla junto a quien no se ama. Porque una cosa es separarse de alguien y otra muy distinta abandonar a alguien. Esa idea pareció tranquilizarlo un poco. Se quedó pensando y al rato me dijo ¿y si después me doy cuenta que me equivoqué? Podés tratar de recomponer la situación, le dije sin convencimiento. ¿Y si ella no quiere? Te jodés, no todo tiene vuelta atrás.

Pensaba en Fernando y pensaba en mí. Ambos pasamos largamente los cincuenta. ¿Cuánto hilo nos queda en el carretel? Seguro que mucho menos del que ya salió, y si bien lo único que se tiene es el presente no hay que perder perspectiva el tiempo vivido. A esta edad no se puede seguir pensando como si se tuvieran veinte años y quedara todo por hacer. Bien o mal, ya se han vivido muchos años y no hay que perder eso de vista. La vida es el conjunto de lo vivido y de lo que queda por vivir. Ya lo decía Borges “la vida es la senda futura y recorrida”.
Nadie a esta altura puede decir "tal decisión arruinó mi vida", porque la mayor parte de la vida ya se vivió. No me atrevo a asegurar que fueron los mejores años, pero sí que fueron la mayor parte de ellos. Fernando podría decir "con mis decisiones o acciones arruiné mi último cuarto de vida". Eso sería correcto.
Si le sale mal a Fernando tendrá que acostumbrarse a vivir distinto de cómo vivía antes, no veo otra alternativa. Si le sale mal pasará los próximos veinte años, en caso que llegue a vivir tanto tiempo, peor que lo que los podría haber pasado junto a Susana y nada más. Lo único que no se tiene que hacer es añorar lo perdido. Mi tío Francisco, que tenía nada de filósofo formal y mucho de filósofo de vida, siempre decía "hay que mirar para adelante". Y eso es precisamente lo que hay que hacer. Cuando hable con Fernando se lo voy a decir.


4 comentarios:

  1. Todos tenemos momentos de auténtico pánico, de no saber que hacer con nuestra vida, quizás muchas más veces de las que desearíamos, pero ahí quedan como anécdotas para reírnos de nosotros mismos si por suerte nada es demasiado grave ¿no?
    un besito

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    1. Supongo que dependerá de cada uno la velocidad de recuperación. Hay quienes parecen no sentir los cambios y otros, por el contrario, los arrastran por siempre.
      Un beso muy grande

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  2. El hombre tiene más miedo a quedarse solo a esa edad, y aguanta. La mujer... sopesa y prefiere la soledad y andar entre lobos antes de seguir soportando desprecios y migajas.
    De todas maneras... alguien me dio un consejo al que siempre me acojo:
    "Continua mientras a ti te sirva"
    Es difícil aconsejar en estos casos, lo mejor es escuchar y prestar el hombro.

    Mil besitos, Alex.

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    1. Cada uno termina haciendo lo que puede, mas que lo que quiere. Es cierto que, generalmente, las mujeres manejan mejor la soledad, pero como en todo lo humano hay más excepciones que reglas.
      Estoy de acuerdo que es mejor no dar consejos, por la sencilla razón que lo que funciona para uno no funciona para el otro. Estoy de acuerdo que lo que nunca falla es escuchar con empatía y estar junto al que sufre.
      Un beso grande

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