domingo, 30 de octubre de 2016

el egoísmo según Ayleen


Para Ayleen es más devastador romper sus zapatos rojos que un tsunami arrase las islas Fiji, y no exagero ni un poco. Pero no voy a demonizarla, el egoísmo es una parte intrínseca del género humano. Tan normal como tener brazos, piernas y pulmones. Además, ¿dónde quedan esas benditas islas?
“Egoísta es aquel que piensa en sí mismo en vez de pensar en mí” dicen que dice Ayleen.
El egoísta está condenado a una existencia acotada, Alex. A un mundo pequeño en el que sólo entran él y sus benefactores. Pero el problema no es ese, el verdadero problema es que la única forma de felicidad que concibe un egoísta es a través de su propia satisfacción.
Estaba de acuerdo con la visión de Fernando, que se envalentonaba con sus propias definiciones, tan de acuerdo que no emití palabra. 
Espero que llegue el momento en que Ayleen pueda sentir la felicidad de dar felicidad. Con esa frase, hermosa y altruista, Fernando terminó su exposición del mediodía. Pedimos la cuenta y cada uno volvió a su trabajo.

martes, 25 de octubre de 2016

el diario sexual de Patricia (2)


Tengo en mi poder varias páginas del diario de Patricia. Me volvió a decir que no tenía problema que lo publique, así que lo hago. Eliminé los últimos dos renglones porque eran más íntimos. No sé.

Ayer por la noche me abracé a Él.
Mirábamos una serie en TV y cuando terminaba el capítulo me dijo de ir a la cama. No tenía sueño y no tenía ganas de ir a la cama...pero era porque tenía ganas de mirar la tele. Él no insistió.
Muchas veces mi ánimo cambia o mi pereza cambia cuando Él me toca.
Eso ya es un hecho.Pero a pesar de que le noté duro como una piedra, Él no quería más.
Hasta que cambió de opinión.
Ayer sentí una nueva sensación. Deseé que durara más pero no supe como decirle que siguiera.
Él sabe como calentarme. Me hace subir encima suyo y me hace cabalgarlo. Hace que le sienta muy adentro, me agarra por la cintura y me empuja hacia abajo. Y Él se mueve y yo busco la manera de sentir más. Y lo siento. Es una sensación magnífica sentir el placer tan explícito. Parece que vayas a terminar, pero no lo haces,pero la sensación es casi la misma.
Me hace bajar y subir de Él muchas veces. Si bajo me la hace chupar. Lo hago con ganas porque me excita notar  su polla mojada de mi. El sabor puede ser muy dulce o puede ser más amargo. Depende de los días. No sé a qué se debe. Pero cuando estoy dulce y puedo probarme a mi misma como si de un helado se tratara en su miembro, es delicioso. Sorbo con desesperación, como Él me dice. Que estoy desesperada. Me arrodillo con la piernas bien abiertas a su lado para que pueda meterme sus dedos mientras yo me deleito teniéndola toda dentro de mi boca.
Cuando vuelvo a cabalgarlo mis pechos ya están muy duros y me restriego contra su cuerpo. O me las toca con fuerza y me aprieta los pezones.
Me encanta esa sensación de dolor.
Ayer me llamó puta muchas veces. Me gusta que me haga sentir así.
En un momento me puso a cuatro patas y me penetró así, agarrándome por el pelo. Diciéndome que así era como me gustaba con las posiciones de puta.
Estuvo embistiéndome. Cada vez más fuerte.  Y sentía su polla dentro de mi, como empezaba a dolerme, como sentía sus ganas de más. Y yo deseaba más...me pegó varias veces en la vulva, un poco más fuerte de lo habitual y luego volvía a penetrarme con intensidad. Se me escapaban gemidos de dolor mezclados con una sensación de sometimiento que me hizo desaparecer unos segundos.
Cada vez era mejor. El dolor y la sensación. Noté que la cabeza se difuminaba, sólo sentía sus embestidas y el calor que me recorría la columna. Y de nuevo la sensación placentera de estar en otro espacio. Pero fue sólo un minuto quizás. Intenso...
Quería decirle que no parara, que siguiera, que quería sentir qué seguía después de esa sensación.


jueves, 20 de octubre de 2016

la vida es bella?


El próximo fin de semana me obligaré a ir a visitar a mi tía. A veces estoy a veinte metros de su casa y sin embargo me cuesta entrar a verla y eso que es una mujer afable y cariñosa. No sé que me pasa.
Mi única tía viva tiene más de noventa años y repite con bastante frecuencia que si tuviese que vivir otra vez le gustaría que su vida fuera exactamente la misma que tuvo, que no cambiaría absolutamente nada. Supongo que en esa declaración algo tiene que ver la consciencia de la proximidad del fin, pero soy testigo que siempre fue una mujer positiva y que enfrentó con valentía todo lo que tuvo que enfrentar.
No sé si les dije que creo que la humanidad podría dividirse en dos grupos, los que disfrutan la vida y los que no. Si esa hipótesis fuese cierta, ella integraría el primer grupo y yo el otro. Me solidarizo con quienes sienten que la vida es injusta, pero adelanto que quejarse no soluciona nada. No creo que Dios se decida a cambiar las reglas sólo para no escuchar reclamos estúpidos. Además, ya se sabe que para ciertas cosas Dios es sordo. La vida es como es, y a llorar a la iglesia. La única queja que podría ser razonable es que la vida es un juego en el que no pedimos participar, aunque tampoco eso es completamente seguro. Los budistas dicen que venimos a este plano para aprender, porque al parecer el alma es pura pero no es completa y uno se deberá reencarnar todas las veces que sean necesarias hasta completar el aprendizaje. Leí en otro lado que el Yo superior de cada uno es el que elige en quién reencarnarse, en qué familia, etc. Un punto interesante para reflexionar cuando no hay problemas, o cuando los problemas son tantos que se sabe por cuál comenzar Pero sean como sean las cosas, quiero dejar en claro que no me gusta hacer reproches, y menos hacer reproches a mi Yo superior que soy yo en definitiva, pero en mi modesta opinión el tipo no se esmeró mucho conmigo, al menos en esta reencarnación.

sábado, 15 de octubre de 2016

convivir con los errores cometidos


Fernando y Susana vienen amenazando con separarse desde hace no sé cuantos años. Como toda pareja va atravesando tiempos mejores y tiempos peores, pero en los períodos turbulentos la idea de la separación asoma intempestiva como una serpiente gigante que aguardó paciente el paso del pequeño velero.
Escuché el término latino “affectio societasis” por primera y única vez hace más de cuarenta años. Es curioso el funcionamiento de la memoria, recuerdo ese término inusual y arrevesado y no recuerdo que desayuné ayer. El profesor de “Instrucción Cívica”, así se llamaba la asignatura que dictaba el Dr. López, consideraba que si desaparecía el “affectio societasis” una sociedad comercial estaba terminada, independientemente de cuánto perdurara en el tiempo. Creo que pasa igual con la sociedad conyugal, cuando se acaba el cariño, el amor, o como prefieran llamar a ese sentimiento raro y hermoso que hace que la vida parezca carente de sentido si el otro no está, la pareja se terminó, aunque sus miembros sigan unidos hasta que la muerte los separe. Yo creo que cuando una persona comienza a pensar sin un pesar excesivo qué haría si dejara de estar con su pareja, esa persona debería comenzar a pensar seriamente en cómo continuar su vida.
Cuando Susana y Fernando hablan con sus respectivos amigos, confiesan que les cuesta demasiado tomar la decisión de separarse. Me llama la atención cuánto peso se le asigna a la voluntad en la toma de decisiones. Sostengo que nadie toma jamás decisiones difíciles. Las decisiones no las toma la parte racional de la persona, esa parte con la que nos identificamos, sino la parte emocional, esa parte inmanejable que todos llevamos dentro y que es la marca el camino a seguir. Una vez tomada la decisión por la parte emocional, le queda a la parte racional ejecutar el trabajo doloroso y encontrar las razones.
Muchas veces estuve tentado a hablar con Fernando, pero me mordí la lengua antes de decir algo que pudiese influirlo, porque jamás olvido que las decisiones pueden ser compartidas, pero las consecuencias son siempre individuales y que luego uno debe convivir con sus errores cometidos.