sábado, 5 de noviembre de 2016

nunca se sabe


Una consecuencia natural del paso del tiempo es que uno se va convirtiendo en el más viejo de todos los ámbitos en que desarrolla su vida. El más viejo en la oficina, el más viejo en el edificio, el más viejo del equipo de fútbol. Alguna vez seré el más viejos del geriátrico, pero para eso falta, espero.

De repente advertimos que toda la gente que nos rodea nos va a sobrevivir. Lo curioso es que no es una mala sensación, al contrario. Recuerdo que en ocasiones veía a mis padres con un dejo de tristeza, justamente porque sabía que morirían antes que yo. Hoy veo a todos con alegría. No voy a ser yo el que llore en sus velatorios sino al revés.
Debe ser terrible ser un padre viejo y sentir que los hijos nos seguirán necesitando cuando ya no estemos, pero por suerte ese no es mi caso. ¡Un tiro para el lado de los justos!
Lo único que lamento verdaderamente es que muy probablemente mi perro viva menos que yo. Aunque nunca se sabe.


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