martes, 15 de noviembre de 2016

si hay miseria...


Fernando no tiene paz. Basta con decir que en una época tuvo un affaire con una vecina del edificio pegado al suyo. Era una mujer de apariencia normal salvo que parecía ser muy tímida con los hombres. Digo parecía, porque luego nos enteramos que Fernando no fue el único vecino que la había visto sin ropa. Esta señora vivía con sus tres hijos, el menor fruto de su último matrimonio y las dos mayores del primero. Por alguna razón que desconocemos, no procreó en el segundo matrimonio ni en el tercero, aunque eso nada agrega.
Durante pesquisas realizadas por Fernando en sus ratos libres pudo comprobar que “el padre de la criatura” la seguía visitando y seguramente manteniendo a juzgar por los cuidados que Alejandra tenía para que su ex no se enterara de sus nuevas “amistades”.
Se podría decir que ellos se conocieron una tarde en que mi amigo estaba regando las plantas y ella ejercitando su trasero en el balcón. Fernando se presentó de una manera formal y caballeresca y ella se fue para adentro sin contestar. Como primer encuentro no fue muy prometedor pero cualquier pirata urbano tiene dos lemas: “no te des por vencido, ni aún vencido” y “¿qué le hace una mancha más al tigre?”.

El tiempo transcurrió sin que volvieran a verse hasta que casualmente una mañana coincidieron en el metro. Fue ella la que inesperadamente se le acercó para disculparse por aquella salida intempestiva. Parece que estaba con el ex y no quería darle motivos de sospecha. “A confesión de parte, relevo de pruebas” dicen los abogados. Continuaron la conversación en un café de Corrientes y Paraguay dónde ella le habló de ciertas intimidades que poco venían al caso. La noche posterior a ese encuentro compartieron una ensalada sobre la cama de un hotelucho de mala muerte pero bebieron champagne, porque “si hay miseria, que no se note”.


1 comentario:

  1. Qué bonito!!
    Sabes? Ese tinte romántico y tierno me ha encantado.

    Mil besitos, Alex.

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