domingo, 20 de noviembre de 2016

sobre opinar irresponsablemente


Las personas no son conscientes de la responsabilidad que supone opinar sobre ciertas cosas. Si lo fueran no permitirían que ninguna opinión traspusiera sus labios. Sólo escucharían y jamás osarían romper el voto de prudencia que toda persona de bien debería hacer. Una opinión puede cambiar la vida de alguien. Los buenos psicólogos saben de esos peligros y por eso jamás opinan.
Dios debería tener un listado de todas nuestras opiniones fallidas a la hora de juzgarnos.
Ante las mismas circunstancias, una misma persona actúa de una forma o de otra de acuerdo al entorno que le haya tocado en suerte. Si se está rodeado de imbéciles y se es tan imbécil como para escucharlos se está condenado al desastre. Aún las opiniones mejor intencionadas pueden arruinarte la vida. Pero lo más injusto de todo es que el imbécil que aconsejó sigue su vida lo más campante mientras que el imbécil que recibió el consejo colisiona contra el mismo iceberg que el Titanic.


3 comentarios:

  1. Creo que opinar y aconsejar sean dos cosas diferentes. Opino cuando digo cómo veo un hecho desde mi perspectiva, con todo lo que eso implica (educación, experiencias, posición, etc.)... Aconsejo cuando digo qué haría yo en determinada situación... y eso, eso sí que es peligroso... porque nadie puede saber o creer saber cómo es estar en el lugar de otro... uno es uno y sus circunstancias, y es imposible que dos seres delante del mismo hecho reaccionen de la misma manera, y lo más probable es que ni siquiera lleguen a la misma idéntica situación; por ende, lo que es válido para uno puede (con toda probabilidad) no serlo para el otro...
    Ufff...creo que ya me [te] mareé... demasiada "filosofía" para un domingo...

    Te dejo un beso y comienza bien la semana.

    ResponderEliminar
  2. Me ha gustado tu rincón Lo que dices y cómo lo dices
    te dejo un abrazo desde miami

    ResponderEliminar

  3. Por eso evito en lo posible no hablar de lo conozco, y aún sabiendo me lo pienso varias veces, subestimamos el poder de la palabra y sus repercusiones.

    Un beso, Alex.

    ResponderEliminar