jueves, 27 de abril de 2017

Me estoy aputosando


En mi otra vida sigo una gran cantidad de blogs de gente que no me gusta. ¿Por qué los sigo? Supongo que es porque me gusta lo que dicen y porque escriben con continuidad.
Lo que no me gusta de esa gente es su soberbia. Tan soberbios que más de una vez llegué a pensar que lo estaban haciendo a propósito.
Uno de esos blogueros a los que me refiero acaba de anunciar que deja de escribir. Su última entrada fue igual de soberbia que las otras, o hasta más. Hablaba en ella de dejar a lectores huérfanos (de su saber, agrego yo), daba a entender la importancia del aporte que les había hecho durante los años en que publicó, y se quejaba de no haber recibido el feedback que su esfuerzo hubiese merecido, etc., etc., etc. Se despidió como se hubiese despedido Cervantes o Shakespeare si ellos también hubiesen sido soberbios. Tanto me fastidié al leerlo que abrí el Word y escribí veinte renglones de respetuosas descalificaciones. Después de leer y releer lo que había escrito decidí dejar solamente la parte que decía que el mundo no sería igual sin su blog. Yo esperé que me puteara o bien me ignorara, pero no, el hombre se tomó en serio lo que le había comentado y respondió con fingida sorpresa. Creyó que podía haber alguien que pensara que su blog era así de importante. Sinceramente me entristecí al leerlo. Su soberbia, lejos de molestarme como las otras veces me dio mucha pena y me arrepentí de haber sido tan irónico. Está claro que me estoy aputosando